Las tarifas de flete marítimo han experimentado una caída constante en las últimas ocho semanas, impulsadas principalmente por un exceso de capacidad en la flota de portacontenedores y una demanda más débil tras el Año Nuevo Lunar.

Sin embargo, esta tendencia a la baja no ha sido más pronunciada debido a la crisis en el Mar Rojo, donde los recientes ataques a buques han prolongado la interrupción del tráfico en el Canal de Suez.

Esto ha obligado a las navieras a redirigir sus rutas por el Cabo de Buena Esperanza, lo que genera un mayor uso de la flota y, en consecuencia, amortigua la caída de las tarifas.

Otro factor que añade incertidumbre al sector es la política arancelaria de EE.UU., con posibles aumentos de impuestos a productos chinos y restricciones que podrían afectar a líneas navieras de ese país. Además, la Comisión Marítima Federal de EE.UU. ha iniciado una investigación sobre los cuellos de botella en el comercio marítimo, lo que podría derivar en medidas regulatorias que impacten aún más el mercado.

A pesar de estos factores, la sobreoferta sigue ejerciendo presión sobre los precios. Se espera la incorporación de 1,7 millones de TEUs adicionales a la flota mundial este año, mientras que las ventas de buques para desguace aún no repuntan. Para contrarrestar la caída de tarifas, las navieras han recurrido a la cancelación de itinerarios (blank sailings), con 74 viajes suspendidos hasta abril, en un intento por equilibrar la oferta y la demanda.

En este contexto, indicadores como el Freightos Baltic Index reflejan descensos del 10% en tarifas spot hacia la costa oeste de EE.UU. y del 6% hacia la costa este. Analistas advierten que la combinación de incertidumbre geopolítica, exceso de capacidad y ajustes en las redes de alianzas navieras seguirán marcando la dinámica del sector en los próximos meses.

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